ABYSMAL TORMENT «Cultivate the Apostate»

Tras tres trabajos demencialmente brutales, los malteses ABYSMAL TORMENT regresan al campo de batalla, con su lanzamiento “Cultivate the Apostate”, editado por Willowtip. Mucho han cambiado las cosas en el seno de la agrupación, y no solo a nivel musical. Y es que cinco años dan para mucho, demasiado. La evolución es algo natural e inteligente, otra cosa es saber si nuestra naturaleza está preparada para mutar progresivamente, como mandan los cánones… o de golpe y porrazo. Y el salto estilístico de esta banda es evidente, porque nadie diría que este último disco conecta con su material anterior, al menos de forma genérica.

Para empezar, se han despojado del estilo crudísimo que englobaba su música junto a los trabajos más brutales de GORGASM, DISAVOWED, SEVERE TORTURE o ENTHRALLMENT. Lo que pasa que ese punto de salvajismo original formaba parte de su propuesta musical, ligado a las producciones descacharrantes y asesinas que bañan sus tres primeros trabajos y que la mayoría de las veces acompañaban a las bandas de este palo.

Por otra parte, el sonido ha cambiado en todos los aspectos, algo completamente lógico porque la onda en la que se mueven actualmente necesita de una producción adecuada a estas características. Ambos factores, estilo y sonido, están sujetos a un condicionante lógico: solo quedan dos miembros de la formación anterior, la misma que se ocupó de registrar el absolutamente brutal “Omnicide” (2009), en este caso el vocalista Nick Farrugia y el guitarrista y miembro fundador David Depasquale. Además, cinco años son tiempo suficiente para pensar, repensar y modificar cualquier planteamiento. Y más si la desgracia se adueña del ambiente, hasta el punto de perder a un compañero que estuvo ahí desde los inicios, un músico que era parte de la esencia y sonido del combo, el baterista Wayne Vella (DEP). La actual formación se completa con el bajista Karl Romano y Max Vassallo en las percusiones.

Respecto a la nueva propuesta, es evidente que su temática se refleja en el arte de portada: si antes nos ofrecían escenas absolutamente viscerales y pintadas a mano (salvo en su citado “Omnicide”), ahora presentan un montaje de Photoshop completamente relacionado con las altas esferas que gobiernan el mundo: la hipocresía de la Iglesia, que simboliza la guerra, las armas y el poder del dinero, mediante la correspondiente iconografía. Santos, autoridades religiosas y personajes bíblicos son filtrados a través de picadoras de carne que vomitan sangre y dólares. Los buenos, los feos, los malos… la pasta. El cuadro está muy detallado y su significado es evidente, pero no termina de convencerme porque trata un tema demasiado trillado, además de que la composición podría haber sido mucho más impactante.

Eso sí, estamos ante una producción monumental. Las canciones suenan brutalmente densas y además introducen partes muy diferentes a lo que venían haciendo en el pasado, mostrando evolución y solvencia en las ejecuciones. Aunque hay que decir que NILE es una referencia constante en muchos cortes, sobre todo a través de las voces, riffs de ametralladora, la afinación y numerosos guiños en los pasajes solistas, bendings y demás. Por no citar a BEHEMOTH y sus voces claustrofóbicas. Pero los malteses van muchísimo más allá en cuanto a fiereza, velocidad y nervio. Posiblemente, el efecto se realza mediante un sonido comprimido hasta límites que hay que ver para creer. Lo que está claro es que se suman al carro de las tendencias actuales, abandonando su propuesta original. Y esto es algo que no voy a reprochar, porque además es algo que no puede valorarse más que a través de la calidad de la nueva música. Todo el mundo tiene derecho a querer mejorar, otra cosa es con qué nivel de creatividad se haga y si los resultados obtenidos son buenos y/o destacables.

Sin embargo, el contenido musical no acompaña demasiado a todos estos cambios, ya que el trabajo se hace algo monótono, y más teniendo en cuenta la cantidad de canciones que contiene. Demasiados pasajes en un solo acorde, las disonancias apenas aportan contraste, y la dinámica brilla por su ausencia. Ya se sabe que en este estilo la caña se mantiene al límite, pero no hay secciones acústicas que aporten momentos de refresco, y se echan en falta pasajes más ambientales. La voz es bastante uniforme, está doblada en su mayoría y contiene pocas variaciones. Este planteamiento suena repetitivo y cansa lo suyo, aunque en ocasiones aluden al estilo Brutal Death depredador de sus primeros trabajos. Como contrapartida, destacan algunas secciones técnicas impecablemente ejecutadas y que causan buen efecto en la música, a cargo de las guitarras, el bajo y la batería. Además hay canciones muy potentes, que destacan sobre el resto porque se inician de forma poderosamente llamativa y enganchan o porque contienen buenos riffs y arreglos en general: “Communion of Ejaculation”, “Dead in the Flesh”, “Strangled Within Coils”, “Metamorphis of the Maggots”, “Dawning New Aeon”, “Conjured to Serve None” y “Cultivate the Apostate”.

Un disco que podría haber sido impresionante pero decepciona ligeramente, por parecerse demasiado a otras bandas y por dar la sensación de quedarse a medio camino. Aquí hay nivel suficiente para haber realizado una auténtica pasada sonora, pero quizá la creatividad sea un escalón demasiado alto, tanto que en ocasiones hasta los mejores músicos pueden chocar contra su dureza, sobre todo cuando el cambio de estilo es brusco. Pero ellos lo han entendido así. Y con la cantidad de trabajos buenos que salen hoy en día, aparcar este material es algo tan natural como sencillo. De momento, me quedo con los ABYSMAL TORMENT de antaño, con diferencia.

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