DYING OUT FLAME «Shiva Rudrastakam»

No todos los días se habla sobre una banda de estas características, así que me tomaré la libertad de pensar en voz alta y compartir ciertas opiniones previas que considero tan importantes como la propia música o el simple comentario de un disco, además de servir como base para valorar este trabajo como corresponde, con el suficiente cuidado. DYING OUT FLAME es una agrupación procedente de Nepal, y muy posiblemente conformen una de las propuestas más sinceras y originales de los tiempos que corren. Es complicado, por no decir casi imposible, salirse de un estilo sin recibir sablazos por todas partes, incluso sin sentir cierta indiferencia por parte de una gran mayoría. Cuando en un disco debut se implican instrumentos como la flauta, la tabla hindú o el sitar, además de introducir diferentes cantos y voces de color ancestral, inherentes a una cultura propia y aportando un inequívoco valor étnico, se constituye un riesgo tan osado como decisivo. En este caso surge sin tener siquiera la oportunidad de haber retomado otro tipo de opciones en pro de ciertas tendencias, al tratarse de un debut. A esta banda le salen las cuentas, porque han sabido diferenciar muy bien las partes brutales de las acústicas, y cuando las entrecruzan es mediante un contexto propicio, con resultados muy musicales, incluso sorprendentes. Este disco denominado “Shiva Rudrastakam” es una firme apuesta por parte del sello Xtreem Music. Además, el XM 154 CD implica un arte gráfico de lo más llamativo y apropiado.

Siempre he pensado que existen dos tipos de fusiones funcionales: la primera es producida cuando se imprimen estilos opuestos, o simplemente de raíz muy distinta, y son realizados con todas las consecuencias, en relación al conocimiento necesario para llevar a cabo esta tarea. El resultado se denomina Fusión (no hablamos del estilo Jazz Fusion, que es algo más «amplio»), y no es nada fácil de realizar porque para que cada elemento disponga de auténtico carácter y la propia mezcla suene natural u homogénea hay que tener muy claros todos los parámetros implicados en la cultura de cada estilo, y respirarlos. La segunda es la fusión de músicos, en la que sin la necesidad de llegar a tener el control completo de los estilos realizados, todos los instrumentistas interaccionan a la perfección, creando mixturas estilísticas y respetando las normas rítmicas, siendo esto precisamente una de las grandes bazas: una mayor libertad musical y mucha improvisación (si se tercia). Todo esto me parece significativo, y la ocasión para “soltarlo” aquí bien vale la pena, dado el excepcional caso que nos ocupa.

Los instrumentos tradicionales y/o acústicos contenidos en este “Shiva Rudrastakam” han sido introducidos mediante la colaboración de músicos adicionales, lo que podría indicar fusión de músicos. Sin embargo, la sola idea de plantear este proyecto y haberlo plasmado de esta forma es una auténtica fusión musical, pues sus componentes comulgan absolutamente con esta filosofía, musical y de pensamiento. Con lo cual, tenemos todos los ingredientes, porque DYING OUT FLAME abraza parámetros de las dos fusiones. Y lo mejor de todo es que la mezcla de los elementos de raíz hindú con el Death Metal está bien repartida, incluso genialmente conjugada. Pero sobre todo inteligentemente separada, cuando corresponde. Dos “músicas” muy temperamentales, y dos culturas alejadas por siglos, abrazándose con naturalidad y ofreciendo un producto creíble y funcional. Ellos mismos definen su estilo como Hindu/Vedic Death Metal.

Shiva Rudrastakam” se ha facturado en tres fases, lo que de alguna forma denota bastante cuidado en la elección de las labores correspondientes. La grabación ha sido efectuada en Silence Studio (Katmandú), la mezcla en D. Shakya Studio a cargo de Davin Shakya, y la masterización se llevó a cabo en Sound Fusion Production, por Bishal Kiwara Ray. El resultado de todas estas labores, claramente diferenciadas y secuenciadas, es muy bueno. Estamos ante un disco dinámico, sonoramente y a nivel musical. La mezcla se aleja un poco de las saturaciones a las que últimamente estamos tan acostumbrados, a pesar de la compresión empleada para definir cada instrumento, que otorga un fuerte empaque global.

Respecto a las partes brutales, mantienen claras las influencias de grupos clásicos, tanto del Thrash como del Death y del Brutal Death, por momentos. La batería está ejecutada con soltura, rabia y precisión, sonando muy orgánica. Es una baza importante, y su papel es brillante. El bajo está bien definido, actuando como epicentro y empastando perfectamente con el resto de frecuencias, destacando ciertos pasajes en los que suena solo o más presente, sobre todo en las secciones livianas y en su mixtura con los instrumentos acústicos. En general, la base rítmica crea un buen nexo. El papel de las guitarras es notable, tanto en su rol rítmico como en las melodías y en los solos, logrando algunos momentos absolutamente memorables. Respecto a la voz gutural, su timbre es grave y trabaja en un solo registro, muy potente.

La forma de repartir las influencias de estilos extremos es otro acierto, abarcando diferentes estados de ánimo en cada corte: “Eternal Mother of Great Time” ofrece el sonido Thrash añejo de los Slayer de 1998, mezclado con unos trémolos melódicos muy intensos que hacen juego con las voces. Cuando en medio del track introducen una parte acústica con sitar sobre un doble bombo asesino, que da paso a una sección Brutal Death tipo KRISIUN o HATE ETERNAL, lo hacen con total naturalidad. Incluso las voces del final recuerda a una especie de “Mandatory Suicide” del siglo XXI. “Vayuputra” es una canción más salvaje, aunque incluye su correspondiente sección recitada, esta vez con voces limpias sobre la base distorsionada. Hacia la mitad, la voz gutural trabaja con una guitarra y los timbales, mediante un marcado estéreo al que se van sumando la segunda guitarra y el bajo. “Maisasura Maridini” y “Shiva Rudrastakam” comienzan con cantos vedistas, pasando a convertirse en ejercicios de Brutal Death Metal épico, la primera en su faceta completamente técnica y demoledora, la segunda con un estribillo de corte hímnico, abrazado por guitarras melódicas. “Trinetra Dhari (Three Eyed One)” comienza con un inusual e impresionante riff en tonalidad mayor, sobre una base instrumental demoledora y muy original. El tema contiene esencias MORBID ANGEL y DEICIDE, y su desarrollo central es todo un logro, así como una declaración de intenciones que aúna voces femeninas sobre un ritmo casi Funk y bajo tipo Slap, con una batería demencial y los obsesivos cantos presentes en otros temas del disco. Pero aún queda mucho Death Metal en sus surcos. Para terminar, citar el tema “Praise of the Omnipresent One”, canción que abre el trabajo y que se lleva la palma en cuanto a intensidad creciente y buen desarrollo étnico, una introducción interesante y en la que los instrumentos suenan fantásticos.

Cada vez son más las bandas que introducen parámetros de antiguas civilizaciones, incluso que vienen influenciadas por las que ejercen de pioneras en este tipo estos estilos. Pero olvidémoslo: ninguna llega a este concepto o nivel de compromiso. Una cosa es pincelar o ambientar, y otra es nacer con ello puesto. Ahora dependerá de cada oyente el poder determinar si lo que hacen es válido, mejor, original o todo lo contrario. Por mi parte y para dejarlo claro, pienso que estamos ante una de las apuestas más originales y personales que he contemplado en muchísimo tiempo. Hay una determinación total en cada nota músical o sonido de este trabajo, en todas sus facetas, y una forma de plasmarlo que se aleja de todo lo que hayamos podido oír hasta y que además pueda considerarse Metal Extremo. Desde las partes más simples hasta las secciones de mayor complejidad o completamente descarnadas. Todo está realizado con buen nivel, intención, feeling y gran determinación. Solo queda decir que la apuesta de Xtreem Music por DYING OUT FLAME se constituye en otro gran acierto, precisamente por el gran riesgo y apertura de miras que supone. El mundo cambia y se amplía a partir de pequeños gestos, pero bien seleccionados. Si quieres disfrutar de algo diferente pero a su vez con una buena ración de intenso Death Metal, hazte con este disco… dedicarle escasos cuarenta minutos, aislándose del mundo, vale la pena. Y es la única forma de poder valorarlo en condiciones. La ocasión lo merece.

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