REPULSIVE DISSECTION «Church of the Five Precious Wounds»

He aquí un disco recién salido del horno, elaborado por un grupo no demasiado al uso. Lo cierto es que el proyecto internacional denominado REPULSIVE DISSECTION reaparece con gran fuerza en la recta final de 2015. Por ello, su reciente “Church of the Five Precious Wounds” (Sevared Records) bien merece unas cuantas líneas. Un trabajo que se nutre del talento de cuatro instrumentistas rodados y bastante resueltos en lo suyo, aunque uno de los aspectos reseñables o especialmente llamativos apunta directamente a la incorporación del baterista italiano Davide Billia, cuya labor actual está volcada en bandas como ANTROPOFAGUS o SEPTYCAL GORGE, principalmente; desde hace un tiempo forma parte de HOUR OF PENANCE, al margen de haber dejado recientemente su puesto en PUTRIDITY. Esta nueva aventura se ajusta bien a su perfil, por no decir que resulta perfecta.

Como no podía ser menos, el combo ejerce una total esencia brutal tipo SICKENING, los mismos PUTRIDITY o DISGORGE, como base de proyecciones intermedias y mayor apariencia técnica al estilo de INCINERATE aunque volando mucho más allá y pululando por la vena de EMETH, ORIGIN, SEVERED SAVIOR, DECREPIT BIRTH, BRAINDRILL, e incluso con la dualidad esquizoide de CATTLE DECAPITATION. Al concepto base de puro Brutal Death con destellos técnicos se le agrega un toque Grind/Hardcore/Deathcore, así como puntuales elementos fusioneros que sirven para ampliar su espectro, si bien esto último no abunda tanto como para deslucir la propuesta o hibridizarla en exceso. Pero es suficiente como para poder dar rienda suelta a inquietudes que colorean sorpresivamente y ofrecen vías de escape, quitando hierro al serio discurso del más encarnizado Brutal Death Metal. Y lo mejor de todo, careciendo del toque artificial tan en boga en las tendencias de altísimo nivel técnico y latente en no pocas bandas actuales, sobre todo Tech y Deathcore.

Con una portada de trazas religiosas que da pie a la imaginación, aunque claramente crítica y sugiriendo más que mostrando, autoría del épico artista Guang Yang (NECROMORPHIC IRRUPTION, INHERIT DISEASE, MAGGOT COLONY), el trabajo conlleva la producción de Tom Fradfield, vocalista de la banda. Es la segunda vez que se ocupa de las labores de estudio para este proyecto, habiendo también mezclado y masterizado su anterior trabajo “Cut Open the Aberration” (2009), primer gran intento musical tras las demos seminales y un EP. Algunos tracks está precedidos por una pequeña introducción hablada y ambiental, cual escenas de películas, muy en la línea de las bandas italianas.

El disco suena brutalmente explosivo, no cuesta mucho afirmar que supera en producción al anterior, y no solo por integrar batería de verdad. Es un sonido idóneo para esta música; bien lejos de artificios, la banda suena espesa y sanguinolenta, alejada de pulimentos extra. Una mezcla asesina aunque todavía viva, por decirlo de forma clara y precisa. La sensación estéreo ofrece bastante dinamismo, posiblemente derivado de unas guitarras que empastan y al tiempo se diferencian, así como de una labor de parches orgánica y bien medida.

Baptism” es la primera prueba, electrizante y claramente ácida. Sus alas prospectoras abren la veda para que el resto de tracks puedan seguir y continuar una serie de evoluciones que funden todo tipo de técnicas y recursos rítmicos, basándose en un ferocísimo entramado de percusión y riffeo, y en una voz claustrofóbica. Es el track más escueto del álbum y sirve para abrir boca, conectando directamente con “Confirmation”, notable virus de trazas mortales, inasumible y que aparenta murallas imposibles de atravesar. Destaca el buen flujo entre el bajo y el chaqueteo del los bombos, ambos bastante generosos en frecuencias brillantes y creando un constante velo de complicidad, en ejecución y empaste. Precisamente es en este corte, hacia el final, en el que aparece la primera andanada experimental. Tras un asomo de Hardcore arrastrado, una base rítmica casi desnuda se despacha entre el Disco House y el Funk Dance, con juguetonas cuerdas de fondo y una batería que se cachondea con control, feeling y soltura.

El fuego vuelve con “Apologist”, oda brutal entre el sonido americano y la onda de la Italia más bruta, llegando a intercalar partes muy groove con blasting y leves toques Slamming. Cruento y aplastante, Bradfield acata diversos registros, desde el gutural más grueso hasta el histerismo Deathcore.

Con “Ordination” asistimos a un festival de blast y medios tiempos, un continuo y entrelazado vaivén que suena salvaje de principio a fin, con momentos muy SEVERED SAVIOR. “Missionary” juega otras cartas, mucho más desafiante y bestia, destacando las graves afinaciones que por su temple tiran hacia una disonancia que incluso ofrece efecto de desafinación; pero esto no hace sino dramatizar y tensar una pieza que se traduce en puro caldo ponzoñoso, riffs muy agarrados, gomosos breakdowns en desplazamiento rítmico y furiosos trémolos, incluso puntuales armonizaciones con novenas mayores y menores, tensando mucho más y dando una vuelta completa a lo mostrado hasta ahora. Y una voz que roza la locura, mientras el combo cabalga hacia quién sabe dónde y un solo cacofónico resuena, proveniente de negros y lejanos túneles subterráneos.

Entonces surge “Zealot”, con sus ataques Tech/Grind/Deathcore; un entramado de completo frenesí y complejas ejecuciones que muestra algunos momentos de absoluta lucidez y sorpresa, consiguiendo plasmar ideas imaginativas a través de planteamientos sencillos… pero muy buena técnica, captando tomas de gran fuerza. La propia entrada del tema se asemeja a un ejército de cuadrigas con ruedas de pinchos y cristales, pateando seres humanos vivos, creando semejante marea babeante que los altavoces parecen chorrear. “Heretic” viene siendo acero líquido y hiirviente, técnica de la que duele pero creando fraseos inteligibles y bien potentes, a la vez que el típico riffeo semicorcheado e intercalaciones Slam, de nuevo leves, pero ofreciendo un buen recurso alternativo. Trémolos de lava, oscuros y marcados power chords, en un corte perverso y cortacabezas.

La carnicería termina con el semiprogresivo “Apostasy”, bien diferenciado y definido por las furiosas trazas técnicas y constantes embestidas de guitarra, acatando los últimos minutos con una actitud frenética y buenas interpretaciones por parte de todo el combo, especialmente de Dave Billia y del hacha/fundador Yura Kowalchuky. El bajista Victor Prokofjevs también tiene sus puntuales momentos solistas, más bien como detalles de refresco, sonando como una plasta que mezcla bilis y relleno de tripas. Con total intensidad y un solo de guitarra como regalo, el trabajo toca a su fin.

Buen disco para echarse al lomo; agradezco que “Church of the Five Precious Wounds” no llegue a ser tan abrasivo y mecánico como algunos trabajos de bandas ultratécnicas o alternativas, y al tiempo reconozco que mantiene toda la fuerza básica del estilo Brutal, sabiendo repartir muy bien los roles, sin desfasarse en exceso ni quedarse cortos. Es un caso bastante curioso y que cada cual valorará a placer. REPULSIVE DISSECTION han sabido mantenerse y además de superar su listón, claramente. Pura repulsión sónica, supurada con excelente fortuna.

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