SCATORGY “Scatorgy”

SCATORGY (uk) Album Cover SCATORGY (uk)
Scatorgy
Pedro Ingelmo
Brutal Death
New Standard Elite
2013
CD
www.myspace.com/scatorgy
7.5

SCATORGY vienen de la vieja Inglaterra y no tienen ningún vínculo con NEPHRECTOMY más allá de la portada de sus respectivos debuts, ambas realizadas por Nev (artista gráfico y voceras en varios grupos, también conocido como Analator) y en ambas siguiendo un estilo muy marcado, llamativo y reconocible que, sin embargo, no es la línea predominante en su trabajo. Pese a lo que sugieran las portadas, ninguno de estos grupos hace Porno-Grind ni Gore-Grind, sino Brutal Death, y en el caso que nos ocupa concretamente una especie de Deathgrind salvaje y “misilístico” tipo los franceses IMPERIAL SODOMY. Rollo americano en plan GORGASM pero sin su pulcritud de sonido ni la complejidad de unos DISGORGE, sino algo mucho más crudo, inspirado en BRODEQUIN, LITURGY o CINERARY y con reminiscencias de bandas europeas como CEPHALIC, BRUTUS o DESPONDENCY, todas ellas, por cierto, difuntas como los mencionados franceses.

En medio de la avalancha ultrasónica de blasts despiadados meten partes más pesadas, breaks poderosos y bastantes detalles técnicos, pero sin abusar. El contraste entre todo ello es bastante violento, pasan de unas partes a otras sin transiciones y en todas ellas hacen el bestia hasta límites insospechados. Muchos riffs son de gran simpleza, incluso con rasgados continuos y economía de notas, frente a otros más enrevesados donde encajan acentos, cortes y armónicos a velocidad de vértigo y sin despeinarse, y otros en los que dan rienda suelta a su gusto por el caos. Está claro que pueden tocar lo que les dé la gana, pero en general prefieren la vertiente más descarnada y el resultado es devastador, como si te dieran una paliza entre cuarenta luchadores de sumo y luego echaran tus restos a las hienas.

La producción va en la misma línea de ferocidad primaria, la caja de la batería es irritantemente aguda y seca, la voz regala los rugidos cavernosos con ocasionales gorrinillos y la guitarra suena a motosierra recién puesta a punto, pero les falta pegada en los graves y el sonido, pese a ser compacto, tiene poco cuerpo. El disco es toda una experiencia para los sentidos, pero la tosquedad del resultado global no hace justicia a las capacidades del grupo, y este es uno de esos casos en los que hablar de “diamante en bruto” no es un tópico. Podrían haber hecho un disco apocalíptico, pero se conforman con amenazar, con dejar ver la pata bajo la puerta -o el hacha tras la mirilla-. Hay partes demasiado parecidas entre sí, otras bastante convencionales, sobre todo las lentas, una cierta sensación de apresuramiento al elegir los materiales y la impresión general de haberse quedado a las puertas de algo grande. Y por más grupos que haya escatimando duración en sus discos y por más que se ponga de moda, veintiún minutos de música es poco.

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