SOULBURN “The Suffocating Darkness”

Sorpresas te da la vida, y cuando llegan hay que saber atraparlas con alegría. Nunca pensé que vería a MORBID ANGEL en directo marcándose medio “Altars of Madness“. Nunca pensé que, después de una década, CARCASS volverían con un disco notable, así como tampoco pensé jamás que tendría la oportunidad de ver regresar a AT THE GATES en plena forma. Yo catalogo esta pequeña y maléfica joya de SOULBURN en esta clase de resurrecciones inesperadas, y además en este caso JAMÁS pensé que cabría la más mínima posiblidad de que ocurriera. Vamos, ni se me había ocurrido. Por esta razón, cuando vi que había un nuevo disco de SOULBURN tardé en creérmelo, pensé que se trataría de una banda homónima, en ningún caso la recuperación de un proyecto que llevaba en vía muerta la friolera de 14 años.

Pero sí. Eran ellos. Yo llegué a SOULBURN por la reedición que se hizo hace cinco años de “Feeding the Angels“, esa obra maestra que quedó aislada y medio colgada en 1998, y en torno a la cual hay construido cierto misterio que los miembros de la banda no contribuyen precisamente a disipar. La “Enciclopaedia Metallum” afirma, directamente, que SOULBURN es una encarnación intermitente de ASPHYX entre el año 96 y el 99, y desde el 2013 hasta ahora. En la presentación de la reedición de “Feeding the Angels“, Bagchus deja muy claro que se trata de OTRO proyecto, más intimista, nacido para desarrollarse al margen de los compromisos de la banda matriz. Sin embargo, en la última frase dice, literalmente, que ASPHYX era un fantasma que estaba detrás de SOULBURN, y que esta marca volvió a metamorfosearse en ASPHYX al cabo de muy poco. Es decir, que se jugaba bastante con la ambigüedad. Por lo tanto, sobre SOULBURN pesará siempre la vinculación con la formación mayor y clásca, tanto en guiños como en tipo de música.

Y, sin embargo, yo soy de los que piensan que SOULBURN es un proyecto totalmente desligable de ASPHYX, como WAR o PAIN lo son de HYPOCRISY, aunque lógicamente tomen mucho del proyecto matriz. Veo su autonomía, encuentro que es un proyecto no mejor pero sí más fresco, más “underground”, más para iniciados, y esa semipenumbra satánica y ese aire bathoryniano  me atraen. Esos riffs torcidos de los dos álbumes de SOULBURN son incofundibles. Espero que de aquí a unos cuantos años se produzca un nuevo resurgir de esta formación. Naturalmente no estoy diciendo que la propuesta no sea muy similar a la de ASPHYX: el estilo es el mismo, casi idéntico… pero hay en SOULBURN una desnudez, una frescura, una despreocupación… La ejecución, el género, todo es ASPHYX, pero hay aquí un tono especial, que se aprecia desde los primeros acordes, que distingue a este proyecto y lo sostiene como a la interesante aventura paralela que es, justificada por sí misma.

Qué decir: un temazo sucede a otro, sin más novedades. Majestuosa “The Mirror Void“. Soberbia “Black Aura“. Rotunda “Absinthesis“, auténtica “balada” doomster que sólo una banda holandesa podía firmar. Este disco no tiene desperdicio, tiene momentos auténticamente grandes y solemnes como el minuto 2:50 de “I Do Not Bleed From Your Crown of Thorns“. Rupturas, maravillosas, arrastres de agonía… un disco compuesto con las ideas muy claras y muy esenciales.

Creo que hasta es posible que esta segunda entrega de SOULBURN sea incluso un pelín mejor (más redonda, más consciente) que su glorioso predecesor. Y el listón estaba muy alto. Yo no sé si os pasa, pero “Feeding the Angels” se me hacía corto, me deja ganas de más cada vez que lo escucho, algo que sucede con cierta frecuencia, por cierto. Aquí Daniels y Bagchus saben más lo que hacen, y lo que se debe hacer. Y tocan más sueltos, más despreocupados, forman temazos más primitivos: “Claws of Tribulation“. No se trata de correr ni de fingir una plenitud. Simplemente están más sueltos. Ya lo escribió Bagchus en 2009: SOULBURN había nacido como una desintoxicación de ASPHYX.

¿Lo he dicho? Este disco es un gustazo. Se nota que va dedicado al forofo, y la producción es casi idéntica a la de 1998. Parece mentira que puedan sonar tan idénticos dos trabajos grabados con casi dos décadas de por medio. De hecho es tan poco lo que se ha evolucionado, que uno se sonríe y se pregunta cómo es posible que haya enfermos así en el mundo del Death Metal de vieja escuela. Y es que ésa es precisamente la gracia del género: el apego, la nostalgia, la lealtad.

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