TORTURE RACK “Barbaric Persecution”

Fiel a su cita, el sello Memento Mori está a punto de exponer una de sus bazas mejor jugadas: el debut largo de los americanos TORTURE RACK, concienzuda, despectiva y sobria ración de sangre, tripas, cráneos agujereados, cuencas chorreantes… tenazas, cortafríos, cuchillos, cinceles, cadenas, o toda retahíla de artesanales utensilios potencialmente dañinos para la salud del cuerpo serrano. Pero no solo de nombres comunes vive la parafernalia del Death Metal, también de adjetivos calificativos y resultones adverbios.

Porque la orgánica y macabra carátula, cómicamente terrible, producto del arte de Mathew Hopkins, funciona como concisa carta de presentación para este trabajo inherentemente puro en sus esencias, por beber de las viejas fuentes del peligro, aguas envenenadas que implican agónicas y “barbáricas” mutaciones. La perfección se basa en las propias imperfecciones, aunque también en la mezcla de lo subjetivo y objetivo. Contradicciones y contrastes, como la vida misma, y que apuntalan la firme seguridad contenida en el dinamismo musical de TORTURE RACK. Estos verdugos de Oregon logran trasmitir una imagen audiovisual más que óptima, a través de unas formas globales de carácter sobresaliente, con defectos y virtudes, claro. Pero hasta para los defectos hay que tener arte y talante, criterio ponderado y naturalidad.

Es difícil crear un disco linealmente impoluto, tan variado como a su vez homogéneo y que logre mantener unas señas o condiciones sin adulterarse a sí mismo. Pienso que ante muchas mediocridades de grandes bandas, y no pocas de corte reciente que facturan trabajos con bastante minutaje de relleno “en el estilo de”, “con la esencia de cual” y con una simpleza basada en la vagancia y falta de chispa… pues he aquí un disco de verdad, al grano. Sí, claro que se basa en sus propias influencias, como casi toda música. Pero la sinceridad en la exposición, la espontaneidad de las pérfidas interpretaciones, el cómputo intangible logrado por las sensaciones que derivan de la suma de cada track, hacen de discos como este pequeñas joyas que muestran cómo hay grupos que sí saben respetar y atenerse a las raíces sin lugar a interferencias, aunque generacionalmente no les correspondan o, como la gran matoría, sencillamente puedan pasar antes por lógicos y diferentes intermediarios. Sonará a tópico, pero es la única forma de ser coherente cuando se abandera un ideal, y cuando se busca proyectar un halo en cierta dirección que apunta a tiempos pasados. O se hace bien, o no se hace bien. O te sale de dentro, o te pasas la vida imitando. En este sentido, TORTURE RACK es un combo joven, pero sus miembros saben defenderse en las esencias del Death Metal de antaño, en cierta vertiente concreta, y además saben hacerlo de forma óptima.

Barbaric Persecution” lo tiene todo, “fallos” y bondades, siempre apuntando a la gozosa sonrisa y el disfrute que toda buena música debe implicar y trasmitir, sea cual sea su impronta. El ambiente tétrico y carnicero impregna los surcos en numerosas variables, hasta el punto de abarcar diferentes influencias que sientan bien, como el aura de viejos CANNIBAL CORPSE, emanaciones víricas y beats/feels de batería a lo BAPHOMET o INSATANITY, bandazos y cortes AUTOPSY, ambientes, tempos lentos y medios en plan DETERIOROT, ROTTREVORE… sin olvidar los tremolazos en ascuas, pantallazos Grind, incluso los asomos D- Beat y la simpleza más Punk cuando procede, en este caso como tramos fugaces pero no menos llamativos, y sí gratamente sorpresivos. De hecho, la batería de Seth (cuyo rol más habitual es el de guitarrista) ejerce un papel fundamental en este combo, no solo por su forma de ajustarse a las esencias, sino por esa particular forma de ejecutar los parches que logra hacer malabarismos en la cuerda floja y apretar las tuercas hasta obtener papilla cerebral; su sonido real cautiva. Las guitarras trituran, bajo un aura de negrura que parece expeler puro desprecio, mientras que el bajo de Jason rezuma frescura y vigor, camuflado cual pasta fofo-gástrica y ejerciendo dinamismo y grosor, como parámetros fundamentales. También desempeña la tarea vocal, emitiendo gruñidos fermentados que acompañan cada número con seguridad y desdén. Digamos que todo deriva en un conjunto de intervenciones que se realiza con nitidez insultante, mucho más descarnada y sencilla que nétamente camaleónica.

El disco cuenta con una producción apropiada a las circunstancias: sonido nuevo que parece viejo, tan calculado como bien obtenido por Evan “Maus” y Mike Lastra, lográndose conjugar la franqueza con lo idóneo de forma excelente. Sin querer restar méritos al hálito de asfixiante y apropiadísima furia moribunda plasmado en su anterior “Medieval Mutilation” (2013), el resultado de “Barbaric Persecution” les sitúa un par de pasos por delante en su particular cámara de los horrores. Tracks de adelanto como “Entrail Intruder” y “Coffin Breath” no son sino crueles tomas de tortura y muerte, fielmente reflejadas a nivel visual/musical. Ambos cortes establecen una evolución que mantiene raíces pero madura el mejunje, así como contienen algunos de sus más crujientes torniquetes sónicos.

Y sin embargo, no son las únicas piezas que destacan en el álbum: fíjate bien en la insolente pegada de apertura contenida en “Talent for Torture” o en las diversas fórmulas básicas, hiperogroides y altamente descriptivas de “Apocalyptic Wrath of the Undead” (atento a 1:35, sentirás un martillazo en cada sien, aunque no creo que sobrevidas a la contundencia del primero). Cuidado, “Chamber of Morbidity” es una amenaza con olor a aleación química, sulfuro de hedor desagradable que logra buenos balances mediante las combinaciones entre patrones, dinamizando, tirando y relajando la soga hasta que el aire deja de llegar a la cavidad pulmonar y la lengua se clava en los incisivos inferiores.

Open Casquet Funeral Puker” ejerce otra vuelta de torno y vuelve a apretarnos el cuello hasta reventar, logrando uno de los cortes con mayor ambientación agónica de todo el trabajo, incluso rezumando INCANTATION y AUTOPSY. Pero el aura Crust/Punk de su introducción y primera estrofa se lleva la palma, precisamente por esa forma de dar la cara. “Field of Mutilation”, canibalesca en parte, también logra conferir giros que no cabría esperar, y sus crujientes guitarras acompañan al gore-macarra pulso D-Beat en primer plano y abrasando los altavoces. “Sentenced to Gang Rape” (ojo a 1:37, el esquelético verdugo parece acercarse y acechar al incauto e inmediatamente destripado), la magnífica entrega revientaestómagos “Coven Crusher” (con sus juegos humorísticos iniciales, por medio del motivo riffeado a distancia de cuartas) y un ya evidente pero no menos explícito y disfrutable “Beheaded for the Bloodbath”, conforman la recta final de un trabajo despiadado pero provisto de gran poder de convicción, aferrado con cabezonería a una filosofía innegociable.

No hace falta ser vívidamente impecable en el mundo música, en el mundillo de hacer música… solo intentar ser coherente, con todo lo que el término implica. El trabajo salió el pasado año en formato cassete, aunque auguro buena recepción y críticas positivas hacia esta edición de “Barbaric Persecution” (MEMENTO-XLIX), un material tan primitivo y elemental como impetuoso y bien curtido, clavándose como un punzón en el cuerpo del torturado. Mejor dicho, como mugrientos alicates arrancando cejas en crudo, sin miramientos, despellejando cuerpos al son del blasting, del crudo refunfuño y de unas cuerdas oxidadas que asemejan látigos con bolas aceradas en la punta. Situándolo en su contexto, solo cabe decir que suena auténtico, como extraído del pasado, a sabiendas de que no es así; algo fácil de intentar, pero muy complejo de obtener en su máxima expresión. Déjate atar al potro, escúchalo y decide si todo este cuento es cierto o si se trata de otro delirio habitual.

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