VALLENFYRE «Splinters»

Cuando surge una banda-proyecto, algo así como una Liga de los Hombres Extraordinarios, las dudas se disparan. Este tipo de bandas paralelas gozan de entrada con la ventaja mediática y el prestigio de sus componentes, pero arrastran muchas incertezas: ¿estarán esas estrellas a la altura de su trabajo en sus bandas principales? ¿No se tratará de una operación mercantil más que de una actividad creativa? En mi opinión, a estas alturas, con este nuevo trabajo bajo el brazo, creo que VALLENFYRE han dispado estas dudas y que se han colocado por mérito propio entre la lista de nombres grandes a tener muy en cuenta. Por la naturaleza arriesgada de su propuesta y, ahora ya podemos decirlo, por su continuidad.

Y eso que no les falta prensa hostil. En este caso, los tres super-hombres son Adrian Erlandson en la batería (AT THE GATES), que no ha dejado de secundar basura alguna vez, como formando parte de CRADLE OF FILTH, y luego dos auténticos popes del Doom clásico: Hamish Hamilton, de MY DYING BRIDE y Gregor McIntosh, de PARADISE LOST. Una curiosidad, Scoot, el bajista, ¡llegó a militar en NAILBOMB! Banda que idolatro y que marcó mi adolescencia. Influencias y sustratos de lo más variado, sin duda.

Y sin embargo, yo creo que estamos ante una de las bandas más coherentes e innovadoras de los últimos años. Los factores se fusionan bien y golpean duro. Los componentes no aportan ideas de geriátrico sino pura vitalidad violenta. Un amigo enterado y de quien me suelo me llamó la atención en 2011 sobre la aparición de «A Fragile King», y desde entonces he sido un incondicional. Este nuevo «Splinters» sigue la misma senda, de ello no cabe la menor duda y, ¿cuál es ésta? El sonido Estocolmo del Death Metal de más pura cepa europea y el Doom/Death macarrero e híbrido en plan WINTER, ASPHYX o AUTOPSY.

¿Qué han perpetrado esta vez? En mi opinión, este disco presenta más claramente las direcciones  que están detrás de la identidad de la banda: el trabajo de MacIntosh, sus célebres arpegios, están más presentes, se nota más el cerebro paradiselostiano (¿se cansó de vincularse a la música gótica y se deshoga aquí?), esto es particularmente evidente en algunos finales épicos de canción. Por otra parte, las partes Death son más Death, más agresivas. La batería es un auténtico caos furibundo, como una pelea de gatos en una cocina de restaurante chino, y con frecuentes huidas hacia el blast-beat, más que en «The Fragile King». Las canciones son menos mixtas, o más lentas («Bereft», «Splinters«) o directamente salvajes, sorprendentes, dignas de una panda de crusties con veleidades Grind («Instinct Slaughter«). Me parece claro que los miembros vierten aquí los excesos que no pueden permitirse en sus buques maternos.

Es conmovedor.

Porque VALLENFYRE son excesivos. Hace poco me pasó algo extraño: puse su primer CD y la cadena de música se estropeó: se colapsaban los altavoces, cosa que no había ocurrido jamás. ¡Era la distorsión de las guitarras, que reventaba todas las membranas! Ya me cuido de que eso no vuelva a ocurrir con «Splinters«, cuyo sonido es aún más pelotoso y grave si cabe. Una burrada sónica así sólo la he podido encontrar en el «True Carnage» de SIX FEET UNDER. Esta banda nació porque a McIntosh se le murió su padre y sintió que debía expresar su rabia de alguna manera. Se nota y lo celebro. El arte es así, y quien no lo vea, que se compre una sopa Campbell de colorines.

Sé que muchos se cebarán contra este álbum y gritarán: «más de lo mismo». Yo creo que no, que estos tipos arriesgan y se dejan llevar, de lo contrario no hubieran firmado un disco tan jodidamente brutal y espeso. Si uno ve a Hamish Hamilton en directo ve que su trabajo en MY DYING BRIDE absolutamente nada tiene que ver ni con el modo de ejecutar de VALLENFYRE ni con el diseño de sus canciones. Por lo tanto, lo que hay aquí tiene que ser auténtico, vocacional, a la fuerza. Pero aquí no hay lírica, es otra cosa de manera radical y absoluta, y esa honradez en músicos de su edad no es muy frecuente que digamos. No los defendería si rebajasen sus señas de identidad, si se abandonaran a lo fácil o lo que está de moda. Sí es verdad que algunos temas no me han terminado de dar una sensación de acabado: «Thirst for Extinction«, el séptimo, por ejemplo. El resultado final no es tan visionario como el de «The Fragile King». Sin embargo, ya no cuentan con el factor sorpresa a su favor, y eso hay que tenerlo en cuenta. En resumen, me parece un disco más desmandado que el anterior, un pelín peor, y por eso nos le pongo un sobresaliente; pero me convence por su frescura y su brutalidad.

Si que imponen su clase, su agresividad y sus tablas. Me parece más que suficiente. Yo de mayor quiero ser así.

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